Presión social, el molde de la identidad colectiva

Presión social, identidad colectiva

En las sociedades existe una fuerza que no se percibe, pero que rechaza a quien se considera diferente para mantener conductas o tradiciones antiguas y difíciles de cambiar. Aquellas costumbres o patrones de comportamiento se convierten en los rasgos que identifican a un conjunto de individuos y lo distinguen de otros. 

Esas características conforman la identidad colectiva de una comunidad a partir de símbolos que tienen significados según las rutinas. Esto configura la imagen que cada sujeto tiene del mundo, define lo bueno y lo malo, y crea referentes que condicionan los comportamientos de la población. En algunos casos, las comparaciones con culturas distintas pueden causar choques. En otros, por el contrario, promueven cambios o adaptaciones, pues los atributos que definen al grupo no son permanentes o estáticos, sino que pueden modificarse a lo largo del tiempo (Espinal, 2002 y Ruiz, 2008). 

La colectividad establece sus patrones de conducta según su entorno físico y su historia. Las personas terminan sometidas a ese complejo de normas por dos razones. La primera es la social, que por medio de las tradiciones moldea los gestos, los hábitos alimenticios, la higiene y las relaciones entre los individuos (Leroi-Gourhan,1971). La segunda es la psicológica, que se refiere a los afectos, los gustos, las emociones y los sentimientos que definen a cada quien, pero se forman a partir de las señales que envía el contexto (Espinal, 2002). 

Las diversas maneras de ver la realidad pueden entrar en conflicto, generar tensiones de poder o aceptación y rechazo a las diferencias. (Ruiz, 2008). Por eso, la sociedad impone barreras a las aspiraciones de las personas cuando se apartan de los patrones de conducta permitidos. Este es el modo de evitar comportamientos que amenazan con provocar desorden o dispersión del grupo. Aquel riesgo suele ser controlado con pautas de disciplina que restringen los actos de la gente en su día a día. Una posible consecuencia es la imposición de reglas que definen lo permitido y lo prohibido y que limitan la libertad de cada sujeto (Espinal, 2002). 

Las relaciones entre los que conforman una comunidad dependen de tres aspectos. Uno es el económico y técnico, que genera empleo, produce y vende bienes o servicios, y segmenta la población según sus ingresos. Otro es el político, que controla por medio de la fuerza, interviene si detecta amenazas a la convivencia y promueve acuerdos cuando hay conflictos. Y también está la cultura, que establece modelos de comportamiento según la identidad (Espinal,2002). 

De esta manera, lo que alguien hace con su cuerpo y su destino termina convertido, de cierta manera, en el resultado del control que imponen fuerzas políticas, el mercado y la opinión pública. 

Referencias 

Espinal Pérez, C. E. (2002). Cuerpos y controles. Formas de regulación civil: discursos y prácticas en Medellín 1948-1952. Cuadernos de investigación (2), pp. 2-68. 

Leroi-Gourhan, A. (1971). El gesto y la palabra. Venezuela: Ediciones de la biblioteca. Universidad Central de Venezuela. Traducción: Felipe Carrera D. 

Ruiz Restrepo, J. (2008). Medellín: fronteras de discriminación y espacios de guerra. La sociología en sus Escenarios, 11 (18).

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