El secreto de sus ojos: la incapacidad judicial y el castigo por mano propia

El secreto de sus ojos
Imagen tomada de la película El secreto de sus ojos.

Lina Colotto es una maestra de 23 años y está casada con Ricardo Morales desde cuando ella tenía 19. El 21 de junio de 1974 desayunan juntos y él sale a trabajar. Después, alguien entra a su casa, viola a la mujer y la mata. No hay testigos, ni investigación y mucho menos justicia por parte del Estado. Sin embargo, el viudo se las arregla para que el caso no quede impune. 

La novela La pregunta de sus ojos, publicada en 2005 por el escritor Eduardo Sacheri, cuenta aquella historia de amor y crimen. En 2009, el director de cine Juan José Campanella estrenó la película El secreto de sus ojos, basada en aquel libro. Los hechos que relatan la obra escrita y la audiovisual están recreados en Buenos Aires, Argentina. 

El caso de Liliana Colotto llega al juzgado donde trabaja como escribiente Benjamín Espósito, pero él se niega a llevar el proceso. Visita a regañadientes la escena del crimen y se conmueve al ver el cadáver de la joven mujer. Ningún vecino vio gente sospechosa, nadie forzó la puerta para entrar a la casa y solamente la pareja tenía las llaves. El juez se apresura a resolver el caso y señala como responsables del homicidio a dos albañiles. Benjamín habla con ellos, duda de que sean culpables, confronta a sus compañeros y se apersona del caso. Busca a Ricardo, el esposo de Liliana, en su casa y le pide que le muestre fotos. En uno de los álbumes encuentra a un hombre que le llama la atención porque sale en varias imágenes mirándola a ella. “Los ojos hablan”, dice el investigador. 

Quien aparece en las fotografías es Isidoro Gómez, que vive en Chivilcoy, a 160 kilómetros de Buenos Aires. Ricardo lo llama por teléfono y contesta la mamá. Ella le dice que su hijo se fue a vivir a la capital desde hace un mes, que él fue novio de Liliana hacía unos años y que siguió enamorado después de que terminó la relación. Aunque el juez se niega a continuar indagando sobre el caso, Benjamín viaja por su cuenta a Chivilcoy y entra a escondidas a la casa donde vivía Isidoro. Allí encuentra unas cartas que él envió a su madre, se las lleva, pero no descubre nada en ellas. 

Después de un año del homicidio, Ricardo insiste en encontrar al sospechoso. Todos los días sale del trabajo y se va a esperarlo en las estaciones del tren. Guarda la ilusión de que la investigación judicial siga su curso. La secretaria del juzgado acepta reabrir el proceso para ofrecerle una respuesta al viudo, que no soporta la soledad. Un compañero de Benjamín revisa las cartas que le envió Isidoro a su mamá y se da cuenta de que tienen mensajes cifrados. Las claves hacen referencia a los futbolistas del equipo Racing de Avellaneda. Así descubre cuál es la pasión del fugitivo y deduce que seguirá visitando el estadio. Benjamín y su amigo van con policías a ver un partido. Las tribunas están llenas de gente, pero logran ver al sindicado entre la multitud, lo atrapan, lo dejan incomunicado y lo interrogan, pero él defiende su inocencia. 

La secretaria del juzgado entra a la sala donde está el detenido y menosprecia su aspecto físico. Insinúa que es feo, poco atractivo, débil, sin suficiente fuerza para matar y dice que una mujer tan hermosa como Liliana jamás se fijaría en él. A Isidoro le da rabia, golpea a la funcionaria y confiesa su delito. Al poco tiempo de ser condenado y sin haber cumplido su pena, queda libre por orden de un juez corrupto. Benjamín teme por su vida y huye. Después de 20 años del homicidio de Liliana, regresa a Buenos Aires. Para ese momento, ya está jubilado y quiere escribir una novela sobre el caso. Busca a Ricardo y se da cuenta de que él mismo se las ingenió para hacer que Isidoro pagara cadena perpetua. Benjamín nunca volvió a ver un amor como el de aquel hombre por su esposa. 

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