No sirve el que no aprende, nueva regla en tiempos de la obsolescencia humana

No sirve el que no aprende, nueva regla en tiempos de la obsolescencia humana

Los inventos tecnológicos de la última década cambiaron apresuradamente la vida de los seres humanos. Las revoluciones industriales establecieron una forma de ver el mundo en torno a la economía y el trabajo. La gente tenía clara su función y casi podía controlar su destino a largo plazo, pero ahora manda la prisa en un ambiente inestable y a veces caótico. La actual realidad exige adaptación y aprendizaje permanentes como única estrategia para que las personas no pierdan su valor en el campo laboral. 

En la Primera Revolución Industrial, las fábricas contrataban mano de obra para ejecutar tareas repetitivas y al ritmo de máquinas que producían en serie. En la segunda, apareció la necesidad de contar con personas capacitadas técnicamente para instalar, manipular y reparar equipos eléctricos. Y en la tercera, hacía falta formación para procesar datos en computadoras. En todos estos casos, el sistema educativo se concentró en satisfacer las necesidades del mercado. Con esa preparación aumentó la clase media, sobre todo a finales del siglo XX. Aprender una profesión o un oficio significaba adquirir los suficientes conocimientos para que cualquiera pudiera sostenerse y progresar económicamente a lo largo su vida. El solo hecho de estudiar se volvió casi una garantía de estabilidad. 

Todo eso cambió en la Cuarta Revolución Industrial con la llegada de modernos dispositivos capaces de ejecutar tareas rutinarias y gestionar información de manera más precisa y veloz que los humanos. Aquella tecnología representa mayor lucro para las empresas porque además no cobra sueldo ni reclama garantías laborales. Por eso está reemplazando los puestos de trabajo que solía ocupar la misma clase media que se había robustecido gracias a la educación. 

La mayor novedad en esta era de la obsolescencia humana es la circulación permanente de datos incalculables. Cada publicación crea conocimientos diferentes y desactualiza lo que se sabía hasta ese momento. Ya el aprendizaje no es para siempre. Se agota en poco tiempo y presiona a la gente para que esté actualizada todo el tiempo. Si alguien no lo hace, difícilmente podrá adaptarse a su contexto.

Diversas organizaciones internacionales advirtieron oportunamente que el aprendizaje se volvió necesario para el bienestar de las personas. En 1998, la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, que celebró la Unesco en París, defendió la enseñanza como un bien que le permite a una comunidad aprovechar las capacidades de su gente. Dos años más tarde, en el 2000, el Consejo Europeo de Lisboa señaló que la economía del conocimiento sería un reto en el futuro cercano. Después, en el 2006, la Declaración de Santo Domingo, emitida por la Organización de Estados Americanos, habló de un nuevo modelo de desarrollo fundado en el saber y en el que es esencial la formación. 

Las dinámicas de la economía hoy necesitan un sistema educativo que refresque constantemente las habilidades que enseña. Ya no se trata de dictar contenidos a jóvenes que tendrán una vida serena y estable. Al contrario, ellos deben acostumbrarse a tomar decisiones y resolver problemas al compás de un mundo en el que todo ocurre de manera fugaz. Las escuelas y universidades aún no encuentran la manera de preparar a sus estudiantes para un contexto así. Por eso, también en el 2006, la Comisión Europea estableció que aprender a aprender es la competencia más necesaria para que las personas puedan actualizarse a corto plazo, como lo exige la Cuarta Revolución Industrial. 

Cuando los estudiantes son capaces de fortalecer sus aptitudes de manera autónoma, dependen menos de las instituciones educativas. De ahí que la pedagogía más pertinente en estos tiempos es aquella que enseña a aprender por cuenta propia. Solo así es posible la adaptación efectiva a las condiciones de un mercado laboral que valora al ser humano según las destrezas que desarrolla. 

Ahora, como ha ocurrido desde siempre, la economía demanda una adaptación del sistema educativo para que responda a sus necesidades. La formación tradicional, esa que enseña meros contenidos sobre disciplinas específicas, poco le aporta al capitalismo de hoy. Las máquinas inteligentes diseñadas en las últimas décadas son capaces de ejecutar tareas que normalmente hacían profesionales. Las personas más valiosas en el capitalismo de los últimos años son aquellas que saben renovar sus habilidades frecuentemente. Para hacerlo, deben adquirir la capacidad de aprender a aprender. Quedan obsoletos quienes no lo hagan. 

Referencia 

García-García, Fran; Moctezuma-Ramírez, Evelyn, y Yurén, Teresa. (2021). Aprender a aprender en universidades 4.0. Obsolescencia humana y cambio a corto plazo. Teoría de la Educación. Revista Interuniversitaria, 33(1),221-241. https://doi.org/10.14201/teri.23548

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