Innovación social, la fuerza de la gente común para transformar realidades
El Estado y el capitalismo son insuficientes para resolver los problemas de la población actual. Esta incapacidad ha impulsado a las comunidades a buscar sus propias soluciones mediante la experimentación de fórmulas que han funcionado sobre todo en la economía. La manera de atender las necesidades en los territorios hoy requiere innovación social, es decir, espacios de colaboración que priorizan el bienestar humano por encima del simple lucro financiero. Explorar las definiciones de aquel modelo y las lecciones derivadas de experiencias reales permite saber cómo implementarlo, ahora que ha logrado notoriedad en organizaciones públicas, privadas y escolares.
El concepto de innovación social tiene una extensa trayectoria académica y práctica que se ha adaptado a diferentes momentos de la historia. Desde 1912, Joseph Schumpeter definió que la innovación consiste en implementar de forma exitosa nuevos métodos para producir bienes y abrir mercados. En este sentido, es el motor fundamental del desarrollo económico. En 1920, Max Weber estableció que la invención tiene un sentido social cuando las personas interactúan entre sí y transforman sus conductas, costumbres y entornos (Martínez, 2017). Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo estaba enfocado en el crecimiento de la producción y los negocios. En ese entonces, se entendía la innovación social como el papel del Estado para implementar leyes que protegieran a los trabajadores y redujeran la desigualdad. También tenía que ver con el diseño de procesos que permitieran mejorar las condiciones laborales en las empresas. Es decir, era la aplicación de técnicas para corregir los daños que causaban las industrias (Hernández-Ascanio et al., s.f.). Entre los años 80 y 90 sucedieron múltiples crisis financieras que dejaron en la quiebra a los bancos en diferentes partes del mundo. Los Estados tuvieron que sacar dinero de los impuestos que pagaron los ciudadanos para salvar a las instituciones de ahorro y crédito. Aquel remezón demostró que el sistema económico es frágil y que la población juega un papel crucial en su funcionamiento y recuperación (Parada Camargo et al., 2017).
Las sociedades pronto entendieron que las soluciones segmentadas que ofrecían los gobiernos y el mercado eran insuficientes. Cobrar impuestos para brindar asistencia o confiar incondicionalmente en la oferta y la demanda no lograba satisfacer las necesidades de los pueblos. Había que buscar respuestas de todos los sectores a la vez. Aquello obligó a las comunidades a organizarse para impulsar verdaderos cambios de sus realidades. Así surgió la innovación social.
En 2008, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) documentó 3.600 experiencias que tuvieron éxito entre 2005 y 2007. Un caso fue la estrategia "Trébol de cuatro hojas", implementada por la Secretaría de Salud del municipio de Sobral, en Brasil, para de reducir enfermedades y muertes de madres y de niños recién nacidos. La innovación en este caso consistió en implementar la figura de madres sociales. Se trataba de mujeres de la misma comunidad capacitadas en protocolos médicos para apoyar de manera personalizada a mujeres y bebés que estuvieran en riesgo y no contaran con redes de apoyo familiar. Desde 2001, cuando empezó la ejecución del proyecto, hasta 2006, la mortalidad infantil bajó de 29,7 a 16,2 por cada mil niños que nacieron vivos (Rodríguez y Alvarado, 2008).
Hacia finales de los 90, Haití se había resignado a importar leche porque no tenía capacidad para abastecerse internamente. Las ONG Veterimed, Oxfam y Veterinarios sin Fronteras diseñaron el proyecto Lét Agogo (que significa Leche en Abundancia). Capacitaron a unos 500 campesinos que producían lácteos de forma artesanal y en condiciones de precariedad por falta de vías y energía eléctrica. La innovación social consistió en aplicar métodos de participación que involucraron a la comunidad en la definición de problemas y soluciones. En este proceso, conformaron una red de microlecherías que procesan y comercializan derivados de la leche para crear una empresa sostenible. Aunque el país sigue importando lácteos, los productos locales no desaparecieron del todo y se volvieron fuente de ingreso para familias campesinas (Rodríguez y Alvarado, 2008).
También a finales de los 90, diversas zonas rurales de Bolivia registraban deserción escolar porque algunos pueblos no tenían escuelas y había niños que debían caminar largas horas para ir a estudiar. La Fundación Pueblo diseñó el proyecto ‘Hospedaje estudiantil en familia’, una innovación social que rescató la tradición ancestral utawawa. Anteriormente, las familias que no contaban con instituciones educativas cerca de sus casas enviaban a sus hijos a hospedarse con parientes o conocidos que sí las tuvieran. A cambio de ese servicio, los menores apoyaban las labores domésticas y agrícolas de quienes los alojaban. En la nueva versión de esta costumbre, eliminaron el trabajo infantil y lo sustituyeron por un aporte económico que hacen los padres de los jóvenes. Esta iniciativa se implementó por primera vez en 1997 en el municipio de Yanacachi. Tuvo tal éxito que después otras localidades la acogieron, el gobierno la volvió política pública y ahora el Estado financia la mayor parte de los gastos del programa (Rodríguez y Alvarado, 2008).
Estas experiencias confirman que, cuando las respuestas tradicionales del Estado y el capitalismo resultan insuficientes para atender a la población, las comunidades son capaces de experimentar con éxito sus propias fórmulas. Las experiencias de innovación social demuestran que los espacios de colaboración que priorizan el bienestar humano sobre la rentabilidad financiera promueven la convivencia, el desarrollo económico y el progreso de las sociedades.
Referencias
Hernández-Ascanio, José; Tirado-Valencia, Pilar, y Ariza-Montes, Antonio. (s.f.). El concepto de innovación social: Ámbitos, definiciones y alcances teóricos. Universidad Loyola Andalucía.
Martínez-Celorrio, Xavier. (2017). La innovación social: orígenes, tendencias y ambivalencias. Sistema, (247), 61-90.
Parada Camargo, Jenny Edith; Ganga Contreras, Francisco Anibal, y Rivera Jiménez, Yordaly Yaneth. (2017). Estado del arte de la innovación social: una mirada a la perspectiva de Europa y Latinoamérica. Opción, 33(82), 563-587.
Rodríguez Herrera, Adolfo, y Alvarado Ugarte, Hernán. (2008). Claves de la innovación social en América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
Comentarios
Publicar un comentario