Palacino es inocente, una pesquisa que contradice la opinión mayoritaria

Reseña del libro Palacino es inocente

La palabra ‘corromper’ suele estar asociada con ofrecer sobornos o dádivas para recibir beneficios por parte de alguien. Sin embargo, su significado más básico es “alterar y trastocar la forma de algo”, según dice en el diccionario. Eso fue lo que pasó en Colombia con un famoso escándalo por el supuesto desfalco de dinero de la salud pública. 

El abogado y periodista investigador Alberto Donadío escudriñó acuciosamente ese caso y encontró información que contradice todo lo que señalaron los medios y los organismos del Estado que analizaron las cuentas de la empresa Saludcoop. Sus hallazgos lo llevaron a concluir que las acusaciones contra Carlos Palacino, presidente de aquella entidad, eran falsas. Con sustento documental, publicó en abril de 2023 el libro Palacino es inocente. 

Donadío explica en su texto que cuando apenas empezaban los años 90, el Estado colombiano tenía el control de la asistencia pública en salud. El Instituto de Seguros Sociales (ISS) recogía los aportes y brindaba atención por medio de sus propios hospitales, que gastaban el 60 por ciento del dinero para satisfacer exigencias de sus sindicatos. Entre tanto, los servicios eran limitados y la cobertura en el campo era casi inexistente. Quienes contribuían en aquel régimen a menudo se quejaban por la tardanza para conseguir citas o recibir medicamentos. 

En 1993, el Congreso de la República aprobó la Ley 100, que creó un nuevo modelo. A partir de ese momento, las Entidades Promotoras de Salud (EPS) entraron a competir con el ISS. Ahora cada usuario tenía el poder de decidir a cuál ingresaba. Siete años más tarde, se acabó el seguro social porque nadie quería estar allí. Las EPS quedaron encargadas de recibir los aportes para entregárselos al gobierno, que luego definía cuánto dinero les devolvía a las empresas recaudadoras. La condición era que debían gastar como mínimo el 90 por ciento del presupuesto para atender a sus pacientes. Podían prestar servicios en sus propios hospitales y clínicas o contratar instituciones externas. Esto redujo los ingresos de los sindicatos. Ahí se inició una rivalidad entre estas organizaciones y las nuevas administradoras del sistema. 

En ese contexto, nació Saludcoop, una EPS creada por diferentes cooperativas. Carlos Palacino asumió la presidencia de aquella entidad. En 1997, la Corte Constitucional colombiana definió que las EPS podían quedarse con el dinero que les sobrara después de prestar los servicios y gastarlo libremente. Saludcoop aprovechó esa posibilidad para invertir utilidades en negocios que le permitieron atender mejor a sus afiliados y ampliar la cobertura. En poco tiempo creció más que sus competidores y empezó a contratar a sus propias empresas. Otras sociedades del sector de la salud se incomodaron y cuestionaron aquel comportamiento. 

Desde 2006, el gobierno retrasó gradualmente y por cinco años la entrega del dinero que le correspondía a Saludcoop, pero eso no impidió que la EPS recibiera ganancias. En 2009 sus utilidades alcanzaron los 57.000 millones de pesos y en 2010 llegaron a 16.000 millones. Para ese momento, su patrimonio era superior a los 550 mil millones de pesos. 

En 2011, altos funcionarios insinuaron que en Saludcoop estaban malgastando dinero. La prensa y los organismos de investigación convirtieron a Palacino en el estereotipo de la corrupción. El gobierno lo removió de su cargo, asumió el control de la EPS y al cabo de cuatro años la dejó con un saldo negativo de 2,88 billones de pesos. Donadío revisó los expedientes. Concluyó que fue el Estado el que asfixió económicamente la entidad y por eso contradice en su libro todo lo que han publicado los medios de comunicación respecto al caso.

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