Simón: el riesgo de protestar contra el gobierno de Venezuela


Un estudiante universitario cansado del régimen que dirige su país está decidido a hacer que las cosas cambien. Por eso, convence a un grupo de jóvenes indignados como él de expresar su descontento públicamente y salir a marchar por las calles de Venezuela. La rebeldía no logra mayores transformaciones en la política, pero sí altera su forma de pensar. 

La película Simón, del director Diego Vicentini, llevó a la pantalla en 2023 las violaciones a los derechos humanos que cometen las autoridades venezolanas contra quienes se atreven a mostrar su inconformidad con el gobierno. El nombre de este largometraje es el mismo de su protagonista y le hace un homenaje a Simón Bolívar. El espíritu libertador está presente en las ilusiones de tantos muchachos que soportan el yugo de una dictadura. 

El grupo que lidera Simón, el estudiante indignado, siente que ya las protestas en las calles son insuficientes para exigir cambios en el poder. Por eso, aquellos chicos rebeldes empiezan a evaluar nuevas formas de impactar en la vida pública, pero no logran definir algo que esté a su alcance y deciden insistir en las manifestaciones. 

Tras un encuentro en el que hablan al respecto, Simón sale con sus compañeros Joaquín, que conduce el vehículo en el que se desplazan, y Chucho, un hombre alto y fortachón. De repente, Joaquín detiene el carro al ver una patrulla de la policía, dos agentes se les acercan a los estudiantes y se llevan a Simón y a Chucho. Después, los encierran en un calabozo con otros jóvenes que supuestamente eran revolucionarios como ellos y los torturan. 

Al grupo entero de chicos detenidos lo obligan a ver cómo le arrancan un diente a uno de ellos sin anestesia. En otro momento, un uniformado entra a la celda y moja a los muchachos con jugo de naranja. Más tarde, quedan invadidos de insectos que los pican. 

Un día cualquiera, los agentes sacan a Simón del calabozo y lo llevan donde un policía con superior jerarquía. El hombre intenta convencer al líder estudiantil de que firme una carta en la cual les pida a sus compañeros que dejen de protestar. Trata de persuadirlo diciéndole que la oposición y el gobierno trabajan juntos y que los jóvenes como él son manipulados. 

El oficial no queda satisfecho con la respuesta de Simón. En seguida, los agentes lo llevan a un cuarto para obligarlo a escuchar la manera como torturan a su amigo Chucho hasta que deja gritar. 

Finalmente, el líder estudiantil sale de la prisión, cambia su forma de pensar y viaja a Miami para buscar un nuevo rumbo en su vida. Sus compañeros de rebeldía se quedan sin guía. Más tarde, cuando se resigna a aceptar que la dictadura gobierne en Venezuela, Simón entiende por qué lo traicionó su amigo Joaquín.

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