‘The Great Hack’, el desprecio por la dignidad humana

Documental The Great Hack - El gran jaqueo
Imagen tomada del documental The Great Hack.

En internet ocurre un efecto bumerán con la información de los usuarios. Ellos entregan sus datos voluntariamente, alguien los recoge, los analiza y se los devuelve en mensajes que pretenden cambiar su comportamiento. Cuando esto se hace con fines políticos pone en riesgo la democracia y se convierte en un arma para dividir la sociedad y hacer que cada persona obedezca inconscientemente. 

Todo lo que pasa en línea queda registrado y las redes sociales se convirtieron en un repositorio de datos que no desaparecen. Las empresas tecnológicas se disputan la atención de la gente para mantenerla enganchada el mayor tiempo posible. Así toman toda la información de interacciones, compras, búsquedas, ubicaciones y likes para construir un perfil emocional de cada usuario. Después le ofrecen contenidos focalizados según sus afinidades, placeres y miedos. Ahora lo que hay es una atomización de realidades en burbujas individuales. 

El documental The Great Hack (El gran jaqueo), dirigido por Karim Amer y Jehane Noujaim, explica el peligro que esto representa cuando se trata de asuntos políticos. El referendo sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea en 2016, conocido como Brexit, sirvió para experimentar el uso con fines electorales de los datos que entregan incondicionalmente los usuarios de Facebook. 

En esa ocasión, la empresa Cambridge Analytica utilizó inteligencia artificial para incidir en la postura de los votantes. Así fue como sus empleados conocieron el potencial de los macrodatos y la información psicográfica y lo utilizaron para abrir un frente de negocio en las campañas políticas. La firma pasó de ser especialista en análisis científico de datos a un aparato de propaganda y aprovechó su experiencia después, en las elecciones de los Estados Unidos. 

En aquel documental hablan personas que participaron en el Proyecto Álamo, que diseñó la campaña digital de Donald Trump para las elecciones de 2016. Los estrategas querían persuadir a los votantes con mensajes focalizados y, para hacerlo, necesitaban abundante información. Recogieron numerosos datos de gente que descargó aplicaciones exclusivas de Facebook o que accedió a estas y de formularios que diligenciaron usuarios en aquella red social. De esa manera, conocieron sus perfiles y los de sus contactos y hurgaron publicaciones, likes y hasta mensajes privados. El objetivo no era solo obtener información de los electores, sino descifrar el temperamento de cada uno. 

Los analistas identificaron personas manipulables. Las que más interesaban eran las de estados que aún no habían tomado posición política, como Florida, Pensilvania, Wisconsin y Michigan. Luego dividieron cada territorio en distritos, determinaron el número de electores sugestionables y priorizaron los lugares que tenían más. Los publicistas de Cambridge Analytica crearon mensajes que calificaban de corrupta a Hillary Clinton, la adversaria de Trump. Hicieron publicaciones masivas y reiterativas por todos los canales posibles como portales, blogs, videos, anuncios y, sobre todo, redes sociales. Inventaron una forma de ver la realidad y querían que los votantes la asumieran igual para hacerlos sufragar por su candidato. 

Ese manejo de la información psicográfica es una técnica militar. Es casi un arma que los ejércitos utilizan como método de persuasión para intervenir en el pensamiento de la gente e inducirla a odiar al enemigo. Esta ofensiva desde la comunicación ahora sirve para fragmentar la sociedad y aprovecharse de las emociones de cada individuo con el fin de hacer que obedezca sin mayor consciencia de lo que hace. En el fondo, lo que hay es un evidente desprecio por la dignidad humana.

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