No odiarás, un llamado perentorio a la reconciliación

Documental No odiarás
Imagen tomada del documental No odiarás.

Colombia lleva más de seis décadas bajo el fuego cruzado entre la fuerza pública, guerrillas con ideologías de izquierda y grupos paramilitares de derecha. Este conflicto armado interno ha dejado casi diez millones de víctimas y, según el registro oficial, la mitad son mujeres. Ellas son claves para superar el rencor, a pesar de tanto sufrimiento. 

El documental No odiarás, dirigido por los periodistas Gloria Castrillón y Óscar Güesguán, cuenta las historias de tres mujeres que tuvieron alguna relación con aquella guerra y decidieron renunciar al odio. El periódico El Espectador y la embajada de Alemania en Colombia apoyaron la producción de este reportaje audiovisual, que se publicó en 2022. 

Allí aparece el testimonio de Esther Polo, una joven que conoció el dolor de la muerte desde antes de nacer. A finales de los años 80, cuando ella llevaba dos meses de gestación en el vientre de su madre, María Zabala, un grupo de paramilitares mató a su papá y a otros parientes varones. Las mujeres de la familia sepultaron los cuerpos en la misma tierra donde quedaron las cenizas del patrimonio y de los sueños que habían construido para sus hijos. 

Esther nació huérfana de padre, pero se imaginaba historias con él para llenar su vacío. La presencia materna era insuficiente porque María asumió el liderazgo de las víctimas que tuvieron que seguir soportando la amenaza de hombres armados que querían gobernar en su pueblo. Ella se concentró tanto en esa labor, que no supo equilibrar el tiempo que fungía como activista y el que le correspondía ejercer como mamá. Esto le impidió atender lo suficiente a su hija y por eso la niña se crio con la abuela.

Esther reclamaba una explicación sobre la ausencia de su papá, pedía con inocencia que le compraran un padre nuevo e intentó suicidarse varias veces porque estaba invadida de tristeza. María reconoce que se equivocó al evadir durante años las conversaciones que necesitaba la pequeña para superar el dolor. A pesar del disgusto que sentía Esther porque no recibía suficiente cuidado, ahora entiende que los líderes tienen que renunciar a su vida familiar para defender causas que van más allá de sus hogares.

Otro relato que aparece en el documental es el de Bibiana, hija del sargento retirado del Ejército Dennis Elkin Quintero, a quien veía como un héroe. Cuando ella tenía nueve años, su papá cayó preso porque participó en el asesinato de un campesino. Él pagó su pena, superó la doctrina que señala de subversivos a quienes lideran causas sociales y trata de seguir una nueva vida como carpintero. Respeta lo que hace Bibiana, que hoy es abogada, defiende los derechos humanos en la misma región donde el sargento Quintero causó tristeza y se siente orgullosa del cambio que tuvo su papá. 

La tercera historia que cuenta el reportaje es la de Sandra Ramírez, quien vivió parte de su adolescencia en el monte vestida de camuflado, botas y con un fusil al hombro. Cuando tenía 17 años, sus padres estaban sin dinero y le aconsejaron que se casara para salir de la pobreza. Como no quería ser ama de casa ni criar hijos, entonces se incorporó a la guerrilla de las Farc. Empuñó las armas durante tres décadas y después de que ese grupo armado firmó el Acuerdo de Paz con el gobierno colombiano, ella pasó a tomar asiento en el Senado. Ahora dialoga con madres que perdieron a sus hijos durante el conflicto armado y les pide perdón. 

Esther, Bibiana y Sandra ilustran el papel que tienen las mujeres en la reconciliación.

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