El testimonio, un insumo esencial para conocer el mundo

El testimonio, un insumo esencial para conocer el mundo

Las ciencias sociales suelen depender de los testimonios para contar historias reales con base en las sensaciones y experiencias de quienes protagonizan los hechos. La idea es que un testigo describa en primera persona lo que vio, hizo y sintió. Estas anécdotas son la base para publicar autobiografías, memorias, diarios, confesiones, cartas y hasta conversaciones que ilustran problemas o conflictos propios de toda interacción entre seres humanos. 

La historia, la antropología, la sociología, el periodismo y el derecho ofrecen diferentes ejemplos de testimonios que cada vez alcanzan mayor confiabilidad gracias a la evolución en los métodos para interrogar y difundir información. En 1871, el periodista Henry Morton Stanley narró en el periódico The New York Herald su travesía para encontrar al médico David Livingstone en África. En 1906, el escritor Jack London publicó en la revista Collier’s Weekly sus impresiones sobre el terremoto que provocó un devastador incendio en San Francisco. En los años 50, el diario colombiano El Espectador publicó el testimonio del sobreviviente de un naufragio. El reportero Gabriel García Márquez conversó con él en sesiones de seis horas durante 20 días y redactó en primera persona un texto titulado Relato de un náufrago. El testimonio se volvió frecuente como género periodístico y al final del siglo XIX era un complemento habitual en noticias de cubrimientos extensos. 

Las ciencias sociales lo acogieron con el nombre de ‘historia de vida’. Estas narraciones cuentan la vida completa y detallada de alguien cuya experiencia representa las condiciones de un amplio número de personas, suelen hacer denuncias y exhiben de manera explícita dramas de comunidades vulnerables. Su uso se inició en Boston en 1918. La primera publicación fue el libro El campesino polaco en Europa y América (The Polish Peasant in Europe and America), de los sociólogos William Isaac Thomas y Florian Znaniecki. El uso de las historias de vida en América Latina se inició en 1952 con la publicación del libro Juan Pérez Jolote: biografía de un Tzotzil, de Ricardo Pozas. Tiempo después, Óscar Lewis publicó Los hijos de Sánchez. Para recoger la información, él grabó las entrevistas en cintas magnéticas y esto les permitió a personas sin mayor nivel de educación hablar de sus vivencias y dar sus opiniones sin cohibirse. 

La narración de un testimonio depende de dos situaciones. La primera es la presencia de quien cuenta la historia en el lugar de los hechos. La segunda es la habilidad que tenga el protagonista de los acontecimientos para relatarlos. Si lo hace por sí mismo, el testimonio es directo. Si no tiene posibilidad, intención o capacidad para publicar sus anécdotas y requiere de alguien más que lo haga, entonces el testimonio es indirecto. Su difusión siempre dependerá del interés público y puede hacerse de tres formas. Una es la básica, en la que el personaje comparte sus experiencias con un intérprete y él las transcribe. Otra es la biografía con testimonios paralelos. En este caso, el protagonista de la historia narra su propia vida y el redactor, además de incluir aquella versión, busca otras que aporten puntos de vista o detalles a esa misma semblanza. Y también se puede presentar el contrapunteo, que es cuando varias personas relatan sus descripciones sobre un mismo hecho. Esto es útil para registrar lo ocurrido en una época o para explicar una situación política o social. 

Referencia 

Gargurevich, J. (1982). Géneros periodísticos. Quito, Ecuador: Editorial Belén.

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