El discurso religioso acerca de la sexualidad y su función en la economía


El control sobre la sexualidad y el concepto de la familia como institución básica de la sociedad tuvieron sus orígenes en la doctrina católica, pero le sirvieron al mercado cuando necesitó incremento demográfico. El poder político se adaptó a las exigencias de la economía y el sistema educativo sembró aquel discurso en las mentes más jóvenes. 

Durante siglos, la Iglesia católica se encargó de preservar las costumbres. Transmitió y moldeó entre sus fieles una convicción sumisa sustentada en la moral (Rousseau, 1998, y Burgess y Park, 1925). Desde el siglo XVII, reguló la sexualidad, creó vetos y reservas sobre los placeres de los cuerpos humanos y los confinó al matrimonio y al entorno familiar exclusivamente. La doctrina cristiana estableció que la unión afectiva legítima era el matrimonio heterosexual y monogámico. Las expresiones de afecto quedaron circunscritas al contacto entre esposos e hijos y el hogar se volvió clave para el control de la sexualidad (Foucault, 2007). 

El grupo básico de la organización social era la familia y en ella se podían evidenciar roles y poderes. El padre actuaba como líder y se entregaba a sus hijos por el amor que recibía de ellos. Los hijos nacían libres, pero se sometían al padre para garantizar la supervivencia (Rousseau, 1998). Y la función de la mujer era cuidar del hogar (Correa Montoya, 2015). El mayor objetivo de esta relación era procrear para garantizar la permanencia y expansión del reino de Dios y así consagrar el alma a la vida eterna (Foucault, 1986). 

Ese discurso religioso y el florecimiento de sus valores en la familia y la escuela fue útil para la economía capitalista. A partir del siglo XVIII se hizo evidente lo que Foucault (2007) llamó el biopoder, una especie de administración de los seres humanos para el servicio del mercado. Se trataba de calcular la cantidad de personas necesarias en el sistema productivo y de promover que se insertaran en él de acuerdo con su utilidad. Para lograr ese objetivo se requería, entonces, incrementar el número de gente, su tiempo de vida y sus habilidades para el trabajo. El control de la sexualidad dejó de ser un tema puramente religioso y se convirtió en una preocupación para el ámbito político con el fin de propiciar el funcionamiento de las lógicas de la economía. Inicialmente recayó sobre las élites y aquellos hogares sembraron la costumbre de contener los placeres para dedicarlos a preservar la pureza y el linaje (Foucault, 2007). 

En el siglo XIX se popularizó la figura de la familia como institución sagrada y sirvió como forma de dominio político y económico sobre las clases obreras de las ciudades. Ya no se trataba de conservar solamente la casta de minorías privilegiadas, sino de mantener la existencia de la humanidad. El control se extendió a todos los niveles de la sociedad. La sexualidad de los estudiantes pasó a ser un asunto público. Las escuelas difundieron el discurso religioso por medio de la comunicación directa entre maestros y aprendices y en textos que instruían sobre las conductas que se consideraban más adecuadas (Foucault, 2007). 

El concepto de familia, como lo entendía la religión católica, le sirvió al sistema económico para incrementar la cantidad de consumidores. El poder político fomentó aquella visión, que se volvió parte del aprendizaje en las aulas. 

Referencias

Burgess, Ernest y Park, Robert. The City. Chicago: Chicago University Press, 1925. 

Correa Montoya, Guillermo Antonio. Raros: Historia cultural de la homosexualidad en Medellín, 1890-1980. Medellín: Universidad Nacional de Colombia, 2015. 

Foucault, Michel. Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber. Madrid: Siglo Veintiuno Editores, 2007. 

Foucault, Michel. Historia de la sexualidad. 2. El uso de los placeres. México: Siglo Veintiuno Editores, 1986. Rousseau, Jean Jacques. El contrato social. Madrid: Espasa Calpe, 1998.

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