‘State of Play’, el giro de una investigación que parece consistente

State of Play
Imagen tomada de la película State of Play.

En una noche lluviosa, un hombre con un maletín y una pistola en sus manos persigue a un ladrón que corre en medio del congestionado tráfico de Washington. Lo encuentra escondido detrás de unos escombros, le dispara y lo mata en el instante. En ese momento, pasa un repartidor de domicilios en su bicicleta y ve la escena. Intenta acelerar su marcha, pero el hombre armado le asesta por la espalda. Al día siguiente, una joven cae a los rieles del metro y muere atropellada por el tren, como si fuera un suicidio.
 
La investigación sobre aquellas tres muertes aparentemente desconectadas entre sí muestra cómo se privatiza la seguridad nacional en los Estados Unidos y el olfato de un acucioso periodista. De eso se trata la película State of Play, cuyo título es traducido al español como Los secretos del poder o La sombra del poder. Esta cinta, dirigida por Kevin Macdonald y producida por Andrew Hauptman, Tim Bevan y Eric Fellner, se proyectó por primera vez en 2009. 

La mujer que murió atropellada era Sonia Baker, una investigadora que trabajaba para el congresista Stephen Collins. Él fue militar y ahora, como político, lidera un estudio sobre PointCorp, una empresa de seguridad involucrada en actividades mercenarias con las que espera ganar miles de millones de dólares. Collins encontró conexiones entre catorce contratistas de defensa que intentan monopolizar y privatizar la seguridad nacional. 

El congresista habla con Cal McAffrey, un periodista investigativo del periódico Washington Globe, y le pide ayuda para encontrar pruebas que vinculen a PointCorp con la muerte de Sonia. El reportero arma equipo con la bloguera Della Frye y empiezan a recoger detalles sobre lo sucedido. 

Una habitante de calle busca a McAffrey. Le cuenta que su amigo, el ladrón asesinado en la lluviosa noche, había robado un maletín que tenía unas fotos de Sonia hablando con un hombre de traje elegante. Se trata de Dominic Foy, un relacionista público que trabaja para una empresa de lobby ligada a PointCorp. El periodista lo aborda en una cafetería y lo chantajea. Le dice que si no le da información sobre Sonia y su relación con la compañía, publica una historia que lo vincule con el asesinato. Foy cuenta que ella recibía dinero por espiar y seducir a Collins para sacarle detalles sobre sus hallazgos, pero se enamoró de él y quedó embarazada. Hasta ahí, todo indica que PointCorp tiene algo que ver con la muerte de la mujer. 

El congresista visita el Washington Globe para dar su versión sobre la relación que tenía con Sonia. Lo acompaña su esposa, Anne, y al salir, ella habla con McAffrey. Le dice que entiende que a su esposo le tendieron una trampa y que la investigadora se acostaba con él a cambio de 26.000 dólares que PointCorp le pagaba al mes. Después de que ellos se van del periódico, el reportero recuerda que él nunca le mencionó esa cifra a Collins. Así se da cuenta de que si él conocía ese detalle, era porque tenía más información respecto al vínculo entre Sonia y la compañía. 

La historia que había documentado McAffrey da un giro al final. El reportero establece que Collins desconfiaba de su investigadora y le pidió a un soldado obsesionado con la milicia que la siguiera. El hombre le tenía gratitud al congresista porque le salvó la vida cuando era militar. Los detalles de aquella relación le permiten al periodista identificar al responsable de los tres asesinatos y sus motivos.

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